
Con cara alargada, mirada penetrante, de su piel emanaba por los poros, el misterioso temor, que permitía envejecer la juventud.
Pesadilla de un Octubre lluvioso, amanecía silenciosamente, leves rayos del creciente sol penetraban la ventana, la mirada perdida en el vacío, compartía solo el palpitar del corazón.
No era de extrañar, psicosis de todos los tiempos, fatídicos pensamientos.
Paradojicamente, de pronto podía salvar el mundo con una palabra, y convertir una sola acción en la esperanza quimérica, ya no sabia a pecado, ya no moría de sueños y mucho menos de soledad.
Entre la dicotomía fantasía-realidad se alejaba la esencia pura.
Efímeras angustias de amor, que no importaban en la labor de recordar unos besos así, hipnotizada por la mirada de esos ojos... esos que se esfumaron al despertar exaltadamente.
Deseosa de romper en llanto, con el fin de un consuelo, pero nada era más notorio que el presente silencio y mi terrible ausencia.
Era emotiva, figura esbelta; de pies fríos, manos suaves y pequeñas, cabello oscuro y pensamiento activo, nostálgica y a veces... solo a veces un tanto neurótica temporal.
Luchó intensamente, se negó con mas de cien razones pero jamas dejo de lado la opción de vivir complementaria y mecánicamente.
Era un ser con todas las capacidades cognoscitivas pero asustada por el destino... así era ella.
Y yo ... yo estuve ahí
no obstante, solo soy una aprendiz, y aunque nunca callo, guardo varios secretos.
Y yo ... yo estuve ahí
oyendo ruido, viéndome vivir, sintiendo la piel
mas nunca escuche, observe o pensé
por seguir la formación, por no hacerle caso a la razón.
Y yo ... yo no se que soy

